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EP 004
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Es por esto que la organización brasileña decide que para que esta Copa del Mundo sea inolvidable se debe construir un estadio que más que un campo de fútbol sea conocido y venerado por los aficionados como un verdadero Templo del Balón. De esta manera nace el Estadio de Maracaná, lugar en el que se disputarán varios partidos pero, sobre todo, la gran final, que aún a día de hoy, más de 75 años después, todavía sigue siendo recordada con el sobrenombre de “Maracanazo”.
Disputado en el verano de 1950, el Mundial reunió a 13 selecciones y presentó un formato singular: una liguilla final de cuatro equipos en lugar de una final única. Brasil, como anfitrión, construyó el imponente estadio de Maracaná y partía como gran favorito tras un fútbol ofensivo arrollador. Suecia, España y Uruguay fueron los otros integrantes del grupo final, al que Brasil llegó tras goleadas espectaculares y con la sensación de que el título estaba prácticamente asegurado.
Sin embargo, el 16 de julio de 1950 se produjo el célebre Maracanazo: Uruguay derrotó a Brasil por 2-1 ante casi 200.000 espectadores, silenciando el estadio y conquistando su segundo Mundial. El gol decisivo de Alcides Ghiggia se convirtió en uno de los momentos más icónicos de la historia del fútbol. Brasil 1950 dejó una huella imborrable por su dramatismo, por la consolidación del Mundial como evento de masas y por demostrar que, en el fútbol, nada está decidido hasta el último minuto.
El Mundial de Brasil 1950 supuso el regreso de la Copa del Mundo tras doce años de parón provocados por la Segunda Guerra Mundial. Con un país volcado en el torneo y un nuevo estadio monumental como símbolo, aquella edición quedó grabada en la historia por un desenlace tan inesperado como traumático.


